Salou, 08:00h de la mañana aproximadamente.

jadelait se dirige con una amigas -por fin- a buscar el coche para irse a casa. Por el camino nos encontramos a dos chicos. Una de mis amigas se pone a hablar con uno de ellos. El otro hace lo correspondiente conmigo (no se lo había pedido). El susodicho individuo charlatán narra su vida a jadelait, mientras ella piensa en el sueño que tiene. No le interesa en exceso.

– Y yo soy demasiaó bueno, ¿sabeh? 7 años y se pira de casa. Le compré un abrigo en Andorra to guapo y tó, 4 meses antes de su cumpleaños pa que lo tuviera.

(¡Iep! momento de atención).

– ¿Cuánto te costó?- dijo jadelait.

– Buah, ¡no veas! (cara de sufrimiento del chico).

– ¿De quién era?

– (¿Eh?).

(IDIOSINCRASIA. Marcada y muy peculiar. Un personaje, vamos).

– Que de qué marca era- dijo jadelait, pá que la entendiese, vamos.

(Piensa, sabe hacerlo).

– Eemm… ¿Guse, puede ser? ¿Gucho? ¿Gussi?

– Gucci…

– ¡Eso, del Gutsi ese!- concluye por fin el individuo.

Con Dios, Guccio…

guccio-gucci

– Y es que ¿sabeh lo qué pasa? Que a mí me gusta vestir bien, ¿sabeh? Que si ahora llevo una tomi, que si ahora me pongo loh levi, o si me pongo la ralf lauren, ¡pues sí! Porque a mí me mola ir de compras. Oye… ¿y a ti cuándo te puedo yo ver?

(Salvadme. YA.)

– Es que mi móvil se lo ha tragado un cocodrilo mutante que salió ayer por el grifo en vez de agua, al final nos hicimos amigos, pero no me lo quiso devolver… (No exactamente, pero mi argumento no se alejó del todo).

Facebook me salvará. Le doy mi nombre, me enseña el móvil, esto es lo que pone:

– ¿Así? Andelaida Albarez.

Sí, así. Te quiero, cari.

jadelait, fashionmente single, single de fashion. Y con razón.