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Despiertas, o te despiertan. Te levantas.

Desayunas y te vistes, o a la inversa. Sales de casa.

Pasa otra mañana, llegas a casa, y piensas. Has vuelto a hacer, otra vez, lo mismo de siempre. ¿Para qué? Y lo más importante es si es que puedes llegar a saber en alguno de estos momentos si estás haciendo lo que deberías. Estar en el sitio adecuado. Hacer lo adecuado. Con la gente adecuada. ¿Qué tendría que estar haciendo?

Y qué más da, tampoco es relevante. Aunque ahora te acuerdas de que tienes un blog, pero no tienes tiempo. Así que dejas una imagen de Moschino, que bien dicen que vale más que mil palabras… ¿no? Muy circus, muy black & white. Moschino, siempre.

Y es que no tienes tiempo… ¿Y en qué lo estás perdiendo? En perderlo. Al fin y al cabo, pierdes el tiempo en perder el tiempo.

Me encanta, me voy a empapelar la habitación con esto. (Que no hombre, que no…).

¿Y si…?

Los “¿Y si…?” deberían de estar prohibidos. Pero yo los conocí un día y desde entonces, no he podido separarme de ellos.

Recomiendo un libro, me gustó mucho. Te anima y te motiva. O no. Más bien, te empuja. ¿Quién se ha llevado mi queso? Leedlo…

Yo tampoco entiendo nada de este post. Pero miro hacia afuera y no me siento sola. Las personas no se entienden ni a sí mismas. Ni mucho menos entre ellas ( ni mucho menos).  Soy una más.

Reflexionem-hi, si us plau.