Al fin y al cabo es una chaqueta de punto (o de lana en invierno y originalmente) con botones en la parte delantera, sin cuello y con escote en pico generalmente. Pero no se llama chaqueta de punto con botones y sin cuello, sino cárdigan.

¿Sabéis porque el cárdigan se llama cárdigan?

Pues debe su nombre a James Thomas Brudenell, que fue el séptimo conde de Cardigan. Este buen hombre -o buen conde- sin comerlo ni beberlo, popularizó el cárdigan por formar parte de su indumentaria habitual, ni más ni menos.

James Thomas Brudenell, 7º Conde de Cardigan quien popularizó la prenda

James Thomas Brudenell, 7º Conde de Cardigan quien popularizó la prenda

Lideró batallas, cargas y cosas del estilo que solían hacer antes los condes (ahora no hacen nada, sólo montan a caballo, juegan a polo y aparecen en el Hola) por las cuales pasó  a formar parte de la historia, pero a pesar de todo el gran esfuerzo, la chaqueta de lana que solía llevar le hizo más famoso que sus aventuras bélicas.

Nosotros, como de costumbre, gustamos de  adaptarnos las palabras, así que cogimos el cárdigan y le pusimos un acento en la a (tolerable, es esdrújula…).

Cardigan, por cierto, es una localidad británica situada al oeste de Gales, en el condado de Dyfed (esto me lo ha dicho Wikipedia), fundada en 1903 por el normando (¿normando?) Roger de Montgomery… blablabla.

Originalmente cada cárdigan era una prenda exclusiva, puesto que se tejían a mano. Hoy en día, ya se sabe… fabricación en cadena heredada de Henry Ford.

Cárdigan mil rayas en gris y blanco

Cárdigan mil rayas en gris y blanco

Sólo añadir que es una prenda que me encanta y que llena de estilo cualquier look (si el cárdigan es bonito…). 

Cárdigan gris de chico, de Thomas Burberry P-V 09

Cárdigan gris de chico, de Thomas Burberry P-V 09

Y además,  un chico bien vestido con cárdigan… ¡Oh sí…!